Este dicho inglés tiene detrás una serie importante de investigaciones que demuestran los beneficios de esta fruta, que últimamente parece que está siendo relegada por ese sinfín de frutas exóticas que nos llegan allende del mar.

Por eso, yo quiero sacarla del baúl de los recuerdos y contaros todos los beneficios que nos aporta la manzana, en cualquiera de sus múltiples variantes:

Desintoxicante del hígado:

La manzana  actúa como antinflamatorio y antiácido natural del aparato digestivo por lo que e muy indicada en casos de gastritis y problemas de estómago.

 

Reduce los niveles del colesterol y glucosa en la sangre:

La pectina y los polifenoles antioxidantes presentes en la piel de las manzanas,  ayudan a eliminar los residuos y toxinas que se encuentran en el organismo, mejoran el metabolismo de los lípidos, por lo que una manzana al día puede ser un buen aliado para bajar el colesterol LDL.

 

Estabiliza los niveles de azúcar:

Su acidez ayuda a reducir el ritmo al que los carbohidratos de una comida se convierten en glucosa, lo que contribuye a disminuir las subidas de azúcar en la sangre que pueden tener las personas con diabetes.

 

Regulador intestinal:

Si se toma en compota o asada  alivia las diarreas.  Si se toma cruda con la piel combate el estreñimiento.

 

Combate el insomnio:

Por su contenido en fósforo, la manzana es un fortificante del sistema nervioso. Estimula el trabajo cerebral y predispone al sueño tranquilo.

 

Diurética:

El moderado contenido en potasio de la manzana hace que sea una fruta diurética, recomendada para la hipertensión arterial y otras enfermedades asociadas a la retención de líquidos. No obstante el potasio está contraindicado en caso de insuficiencia renal, por lo que en ese caso, el consumo de manzanas ha de tenerse en cuenta.

 

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Antihistamínica:

Es una buena fuente de bioflavonoides, contiene numerosos protectores fotoquímicos, como la quercetina, que debido a su actividad antihistamínica hace que sea útil para la prevención de ataques alérgicos y de asma.

 

Baja la fiebre:

Es antipirética ayuda a rebajar la fiebre.

 

Mejora la artritis y gota:

Previene el  ácido úrico, evitando a que se acumulen cristales en las articulaciones.

 

Desinfectante bucal:

Se dice que las manzanas son cepillos de diente naturales, ya que, aunque no limpian los dientes, sí mejoran la higiene dental. Morder y masticar una manzana estimula las encías y su dulzura aumenta el flujo de saliva, lo cual reduce el deterioro de los dientes al disminuir los niveles de bacterias en la boca.

 

 

Anticancerígena:

Contiene  flavonoides, un colorante natural, que es un poderoso antioxidante que neutraliza los radicales libres, unas partículas que oxidan el organismo y predisponen a la aparición de tumores cancerígenos y otro tipo de enfermedades.

 

El mejor dentífrico natural:

Es cierto que comer una manzana después de cada comida ayuda a mantener la higiene de tu boca y al cuidado de tus dientes. La manzana tiene propiedades bactericidas, que son las que contribuyen a eliminar las bacterias que pueden atacar a tus piezas dentales; ¡ojo! pero no olvidemos que las manzanas contienen azúcares y ácidos que pueden dañar los dientes, es por esto que no se puede sustituir al cepillado con solo comer una manzana. Sólo para casos puntuales que nos dispongamos de nuestra higiene dental diaria.

 

Saciante:

Gracias al efecto saciante de la pectina, la manzana es una buena colaboradora para  las personas que están en el propósito de perder peso. Además una manzana fresca es una colación ideal, es  fácil de llevar, tiene buen sabor y satisface con pocas calorías; una manzana de 150 g tiene apenas 70 kcal.

 

Todo ventajas! Y además no se trata de un producto caro así que engánchate a poder de las manzanas hoy mismo!

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