Los pasteles, dulces y bollos son una mezcla de diversos productos alimenticios como: agua potable, azúcares diversos (sacarosa, glucosa, fructosa, etc.) y miel, levadura, harinas de cereales (principalmente trigo), féculas y almidones, sal, leche y productos derivados (nata, mantequilla,…), aceites y grasas vegetales, cacao, chocolate, frutos y derivados (mermeladas,…), frutos secos y aditivos.Estos productos, a su vez, se componen de hidratos de carbono, grasas, proteínas, sustancias minerales, vitaminas y agua.

Los hidratos de carbono dan el sabor dulce y aumentan el contenido en sólidos de los productos, por lo que disminuyen el punto de congelación y hacen que aguanten mejor durante el almacenamiento y la distribución. Además, contribuyen a un eficaz metabolismo de las grasas. En general, los alimentos de origen vegetal son mucho más ricos en hidratos de carbono que los de origen animal. Su contenido se sitúa entre el 40 y el 80%.

Las grasas en dulces, pasteles y helados dan cuerpo y sabor, ayudando a mantener la estructura de la pieza y favorecen la absorción de calcio. La proporción en ácidos grasos saturados está en torno al 45-65%, la de ácidos grasos trans de 0,7 a 7%. Aunque hay excepciones en magdalenas y bizcochos por la grasa vegetal, donde la proporción de ácidos grasos es mayor.

Los productos de pastelería tienen un contenido proteínico de un 3 a 10 %, aunque estos valores dependen de las piezas.

En la pirámide alimentaria la repostería se sitúa en el vértice, representando un consumo ocasional porque repercute negativamente en la salud contribuyendo a aumentar la obesidad y sobrepeso, diabetes, colesterol, etc. Esto se debe a que la industria los suele fabricar con ingredientes ricos en grasas saturadas o con grasas parcialmente hidrogenadas o trans. Como ventajas tiene que se obtiene una textura más manejable durante el procesado industrial, se utilizan aceites más económicos para la fritura, se alarga la conservación del producto puesto que, los ácidos grasos trans, retardan el enranciamiento por oxidación de las grasas, y potencian los sabores.

Estos productos también aportan importantes cantidades de azúcares simples, elevando el contenido calórico junto con las grasas. Proporcionan en torno a un 70% más de energía por cada 100 gramos, contienen menos fibra dietética (excepto si se elaboran con harina integral, con gran cantidad de frutos secos o con preparados prebióticos), tienen más proteínas de alto valor biológico, más grasa y generalmente, de peor calidad y menos almidón. La cantidad de vitaminas y minerales es muy variable, dependiendo del producto y de los ingredientes empleados.

Con 100 gramos de croissant, bizcocho o galletas maría aportamos a nuestro organismo cerca de 500 kcalorias.

Convierte este capricho en cuartos, cuando vayas a consumir un dulce divídelo en 4 partes y desecha una de ellas, ¡conseguirás eliminar 100 kcal!.